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Timisoara
Situada en las fronteras con Hungría y Serbia, Timisoara es la puerta de entrada al oeste de Europa y una ciudad con una larga historia de multiculturalismo. Famosa hoy en día por ser la cuna de la revolución rumana de 1989, aquí se gestó el fin de la dictadura de Ceausescu.
Timisoara es la capital regional de la provincia de Banat, y el abundante corazón agrícola de Rumania, como se refleja en sus numerosos restaurantes. Es la ciudad más cosmopolita del país, debido a su liberal historia y las diversas etnias que componen su población que incluye húngaros, serbios, alemanes y gitanos.
El encanto de esta ciudad, asentada en el norte de la ribera del río Bega, radica en su original carácter arquitectónico y su vibrante ambiente cultural, atrayendo turistas de todas partes del mundo cada año.
Conocida por sus visitantes como la "Pequeña Viena", es el hogar de musicales y representaciones teatrales, así como galerías de arte, museos y una animada vida nocturna. Recientemente sus habitantes la han bautizado de forma cariños como “Primul Oraş Liber”, o sea “la primera ciudad libre”, en referencia a su participación en la revolución de 1989.
Al llegar no tuvimos dudas al elegir el Hotel NH Timisoara, situado en el corazón de la ciudad, cerca de la universidad y del parque Poporului, y a poca distancia del barrio histórico y financiero. Allí pudimos disfrutar de cómodas y amplias habitaciones, así como del centro de fitness, la sauna, el jacuzzi y un relajante masaje.
Gracias a su clima mediterráneo, esta ciudad se disfruta más al aire libre, en las numerosas plazas públicas y en los exuberantes espacios verdes. Es fácil de explorar a pie, y si te cansas, siempre hay un tranvía cerca.
La ciudad tiene un agradable aire latino, con grandes plazas flanqueadas por tiendas y cafés, y algunos bellos edificios cuya arquitectura revela su pasado Habsburgo.
Su carácter progresista se ve reflejado en que fue la primera ciudad de Europa en utilizar la electricidad para iluminar sus calles, así como los tranvías tirados por caballo. Aunque los caballos ya no están, los tranvías siguen funcionando a la perfección.
En Timisoara abundan las iglesias de varias denominaciones. Posee también un barrio judío, una elegante plaza de estilo barroco y una peatonal en la zona céntrica, donde algunos de los monumentos ofrecen vistas panorámicas.
El centro de la ciudad, especialmente la Plaza de la Victoria, tiene una gran cantidad de edificios interesantes, como la Iglesia Metropolitana, la Opera y el Teatro. Este último es el único del país que alberga tres teatros: el rumano, el alemán y el húngaro.
La Piata Unirii, o Plaza de la Unión, es la plaza principal del casco antiguo y un bohemio destino preferido por los adolescentes, estudiantes y turistas que quieren disfrutar de la vista de edificios antiguos. Frente a ella se encuentran dos de las construcciones más notables, la Catedral Ortodoxa Serbia y la Catedral Católica Romana.
La cocina tradicional rumana es espléndida y abundante, utilizando los productos naturales del país para elaborar platos de con aires de Europa central e influencias turcas. Los ingredientes más populares son la de carne de cerdo, repollo, patatas y mamaliga, una especie de harina de maíz similar a la polenta italiana.
Un magnífico exponente de la cocina local es el restaurante Crama Bastion, en Str Hector 1, en el centro. Alojado en una antigua fortificación del siglo XVIII, ofrece una experiencia única de la cocina rumana.
Timisoara posee la más mundana y variada vida nocturna de Rumania. Con sus ojos puestos en Europa occidental y su ambiente sofisticado, no es de extrañar que ofrezca una amplia gama de clubes - desde blues y jazz a Euro Pop - así como su famosa Ópera.
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